domingo, 6 de noviembre de 2011

Divagaciones oníricas

El ser humano ha perdido el horizonte, ya no sabe que existe y que no lo hace. Nuestro presencialísmo físico es total mientras que el mental no. Nuestra mente divaga entre vagos recuerdos, anhelos, deseos e ilusiones, se cierra sobre una visión etérea de si misma, alimentada por a ingenuidad y por las influencias externas que pueda llegar a recibir. Y aunque sabemos que estamos jodidos, hasta las vísceras, hasta las neuronas de nuestro lóbulo central, somos conscientes de nuestra realidad. Y nos autoconvencemos.
-Todo va bien. Todo va bien.
 Átomo, molécula, macromolécula, célula, tejido, órgano, sistema, población, ecosistema, planeta, sistema, galaxia, universo…
Todo formado por átomos, tan simple como un núcleo y unos orbitales ocupados por electrones. ¿Qué nos diferencia pues? ¿Qué nos separa? ¿Porqué así y no de otra manera?
Todo son cuestiones que solo podríamos llegar a conocer mediante la introspección. Presumen que esto escapa de nuestra lógica y comprensión, pero solo escapa a las palabras.
Solo puedo afirmar mi existencia dentro de este cúmulo de coincidencias aleatorias y arbitrarias creadas por mi mente. 
Las palabras son poderosas cuando se utilizan con elocuencia y eficacia. Para persuadir, convencer o dar opiniones subjetivas. Pero a la hora de hablar de ideas, de sentimientos… nuestros vocablos se quedan cortos. El lenguaje de hoy en día ha perdido todo el valor arcaico que tenía en tiempos remotos, es un lenguaje artificial y convencional, incapaz de mostrar la verdad. ¿Pero que es verdad? Hablo de la relativa verdad, la que cada uno cree conocer, la que cada uno conoce mediante el conocimiento de su propio yo. Diferente pero tan verdadera como las otras si se ha llegado a conocer por nuestros propios medios. Los sentimientos no se pueden describir con palabras, dejarían de ser sentimientos, solo se pueden sentir, son instintivos y generados por nuestra mente por una serie de reacciones químicas en el interior de nuestro cerebro. Solo se piensan. Solo son ideas. Y esas ideas mueven al mundo.
“Pienso luego existo” ¿Qué se puede contradecir de esa frase? La existencia del yo es justificable, no es que sea una mera opinión sacada a partir de ciertas hipótesis. Ahí el “Solo se que no sé nada” carece de significado. Solo sabemos de nuestra existencia, a nivel mental, no como físico, puesto que esto último podría ser solo producto de nuestra imaginación. Podemos ni siquiera ser seres materiales, quizás sólo lo seamos desde un puto de vista eléctrico, un ente de energía. O tan siquiera eso, somos algo que escapa a nuestra percepción por estar situados en un mundo material, alejado de la verdadera verdad. De nuestro verdadero yo. Y entonces… ¿Qué son los demás? Caricaturas de un pensamiento incontrolado, máscaras de nuestras relativas realidades, conjunto de deseos u contradicciones. Nuestro pensamiento fragmentado e interdependiente. ¿Qué es nuestra vida pues? Un juego de un niño, un rompecabezas enumerado en el que solo tú sabes los números, un ajedrez con un solo jugado, un libro en blanco que se va escribiendo, por ti mismo. Tú decides lo que está bien o mal. Tú eres Dios para ti mismo. Solo tienes que saber que como toda reacción química, todo producto tiene su reactivo, y viceversa.


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