martes, 1 de noviembre de 2011

Adiós mi amor...

Que tus cambios de humor son como latigazos para mi, y cuando te digo que no me hagas eso, no lo entiendes. ¿No entiendes que mi vida está en tus manos? ¿Qué un solo movimiento en falso me derrumba? ¿Qué tus intentos por impresionarme haciéndote el interesante me comen por dentro? ¿Qué mi corazón está en tus manos conectado a mi por una pequeña árteria? ¿Qué si te vas, se rompe? ¿Y si se rompe me muero? ¿Ahora tampoco entenderás lo mucho que te quiero? ¿Lo mucho que te necesito? Por que yo sin ti me muero.
¿Lo metirosa que soy cuando lo desmiento? ¿No entiendes que soy tuya ahora y el resto de los días?
Técnicamente se dice que una persona muere por un paro cardíaco, el corazón deja de funcionar, la sangre ya no acaricia sus delicadas y finas venas transportándole oxigeno y demás nutrientes. Se equivocan, todo eso que está escrito en los libros no son más que insensateces.
Una persona muere cuando los latidos del corazón dejan de tener sentido, y cuando la mente cae en un irracional vacío descomunal del que es imposible salir por muchos desfibriladores que puedas llegar a utilizar.
Quién sabe, quizá pude revivir el mismo día que te llegué a conocer o quizá haya muerto esta misma tardé, todo son suposiciones que cobrarían sentido a tu lado.



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