miércoles, 26 de octubre de 2011

Todos los seres mueren solos

El suicidio es la máxima expresión de la libertad. Lo que posees acabará poseyéndote, la única cosa que debes de tener como tuya es tu vida, y solo tiene el valor que tu quieras darle.
Pero piensa... ¿Puedes suicidarte? No me refiero al hecho en sí, quiero decir si está acción tuviese o no repercusiones y consecuencias, si por X motivos no llegara a ser efectuada. ¿Si? No. Entonces no pienses que eres libre, si algo tan esencial y personal no depende de ti mismo, si no que siempre está a manos de otro.
¿Porqué no lo hago? ¿Porqué soy dependiente de tantas cosas? ¿Porqué tengo miedo a la libertad?
El auto-convencimiento a un hecho y la adaptación a él conforme hablamos del ser humano se han hecho muy propios a él mismo, casi inherentes.
Solo vemos lo que quieren o queremos ver. Auto-convencimiento como medio de satisfacción. Placer y confortabilidad en el sufrimiento ajeno: "Hay gente peor que yo".
El saber, o creer saber que puedes hacer algo, no hacerlo, dejarlo todo para el último momento y lugar (si es que lo llegas a hacer) y luego encontrarse de cara con tus miedos, tus peores pesadillas.
La gente que está equivocada, no cree estarlo. Que poderosa es la ignorancia. Qué patético y débil es el ser humano ante una amenaza.
La venda se desprende cuanto más rápido actúan sobre ti, cuanto más presión sientes, cuando la opresión no te deja ya respirar, tomar ese aire que necesitas para auto-convencerte de que sigues siendo libre. BUM! Todo explota. Ya no queda nada, estás harto de todo.
Y las soluciones más sugerentes tienden al rencor, a la venganza, a la ira, al odio e incluso al suicidio. Los sentimientos más humanos, los instintos plasmados en hechos, sucesos que tendrán consecuencias. Todo te acabará matando. Todos los seres mueren solos.
La segunda opción, propia de un ingenuo ignorante, que a pesar de serlo será más feliz que un ser con una mente más lógica y razonable sería la adaptación. 
"Si los tontos volasen, no se vería el sol". Se adaptan, lo asumen, se conforman y tratan de sacarle el mayor partido con un optimismo utópico a esa situación X.
Patéticos ilusos, pensando en que las cosas van a ir a mejor, no dándose cuenta de lo jodidamente bien que se encuentran, hayando la felicidad en el auto-convencimiento insaciable del hombre.
Cabe destacar, el hecho de que nada es para siempre, todo cambia, todo fluye, todo se transforma. Si hoy son ignorantes seguirán siéndolo hasta que dejen de serlo. Esto que en sí es una obviedad a primera vista tomará sentida el día que todo acabe. ¿ Cuándo? Con la muerte.
Todos los seres mueren solos.



martes, 25 de octubre de 2011

Siempre

Estaba tumbada sobre una gran escarcha de hielo, un bloque en mitad de una montaña, una fina lámina delgada formada sobre la pinocha que el otoño había dejado atrás, capaz solo de soportar mi peso y poco más. Tumbada sobre mi desastrosa vida.
-Hola pequeña.
Solo con mirarte ya sabías lo que estaba deseando, tanto como yo. Pero sabes tan bien como yo lo que pasará cuando intentes entrar en mi espacio vital. El soporte se resquebrajará y comenzaré a caer al inóspito vacío.
-Pero yo puedo sujetarte, seré tu soporte.

-¿Para siempre?
Sin apenas dudarlo dijiste "Siempre" y alargaste tu mano. Me la tendiste, esperando que saltase en cualquier momento, dejando todo atrás, queriendo que nunca me separase de ti.
Alargué mi mano, tomé la tuya y pegaría un salto rompiendo el hielo, la base de mi antigua vida, para cogerme en tus brazos y empezar una nueva. Me senté sobre ti, la luna rielaba en el Pantano del Regajo, al que siempre solía ir de pequeña, y que ahora estaba tomando un significado totalmente diferente, se reflejaba en tus ojos, en mi pelo. Me sentía tuya, tu posesión y tu me mirabas como tu mayor tesoro directamente a los ojos, con una mezcla paternal, de admiración y de deseo. Me cogías de las caderas y me sentabas con las piernas abiertas sobre ti, haciendo que te rodeara, que te besara, que te comiese con la mirada, que sintiese tus latidos ajetreados bajo tu cálida piel. Y me apretabas contra ti, sintiéndote mio, dándote todo mi ser, toda mi alma, todas mis lágrimas. Y nos quedamos unidos, como las figuras del Yin y el Yan, totalmente pegados, fundidos en un abrazo, para siempre jamás.
-Eres mía, solo mía.