Es increíble la cantidad de gente con la que nos llegamos a topar a lo largo de nuestra vida. Los conoces, ocupan tu tiempo, tu pensamiento y tus recuerdos por un corto periodo para luego pasar a pensar que son parte de tu vida, y de un día para otro desaparecer, dejando huella o un simple sentimiento de rencor por algo sucedido. Aun que lleguemos a odiarlos, a ignorarlos o incluso a amarlos ellos nos han instruido como somos ahora. El cúmulo de las experiencias da como resultado el presente. Por ellos hablar de un futuro sin pasado resulta desconcertante y erróneo. Somo así por que así se ha querido, somos esclavos del destino amparados a manos del azar, a manos de su poder.
A manos del puede, del quizá. De la duda desconcertante que nos lleva directamente a cuestionarnos el porqué de nuestros actos. ¿Existen las casualidades? ¿O somos nosotros los que las provocamos?