lunes, 31 de enero de 2011

El camino del guerrero

Entonces los ojos y el corazón del guerrero empiezan a acostumbrarse a la luz. Ya no lo asusta, y él pasa a aceptar su Leyenda, aunque eso signifique correr riesgos.
El guerrero estuvo dormido mucho tiempo. Es natural que vaya despertando poco a poco.

Todos los caminos del mundo llevan hasta el corazón del guerrero; él se zambulle sin pensar en el río de las pasiones que siempre corre por su vida.
El guerrero sabe que es libre para elegir lo que desee; sus decisiones son tomadas con valor, desprendimiento y- a veces- con una cierta dosis de locura.

El guerrero de la luz a veces actúa como el agua, y fluye entre los obstáculos que encuentra. En ciertos momentos, resistir significa ser destruido; entonces, él se adapta a las circunstancias.

En esto reside la fuerza del agua. Jamás puede ser quebrada por una martillo, ni herida por un cuchillo. La más poderosa espada del mundo es incapaz de dejar una cicatriz sobre su superficie.



sábado, 29 de enero de 2011

Lloró hasta el fin de su vida. Lloró hasta el atardecer de los días.

Arrastraba los pies por el paseo marítimo. El viento frío revolvió el cabello color ocre dejando entrever sus pequeñas orejas adornadas de plata y amatista.
Sus ojos verde-mar cristalizados quizás por el frío, quizás por su tristeza… Lo único que buscaba era escapar de sus recuerdos, que le solían abatir constantemente y en su inagotable e incorpórea lucha por olvidar el laso trasiego de su vida, buscar la muerte.
Había perdido el sentido de la vida, andaba asolada por un mar de dudas. Los constantes denuedos con sus correspondidas perfidias la habían conseguido derrumbar.
-¿Qué hago ahora? ¿Dónde me escondo?
Era débil y sus piernas flaqueaban de aguantar estoicamente su vida sobre sus hombros. Estaba cansada, esta vez no iba a huir.
Y lloró. Lloró hasta el fin de su vida. Lloró hasta el atardecer de los días. Cada día moría un poquito más que el anterior. Cada gota que rozaba de sus suaves mejillas era un recuerdo olvidado que afloraba al presente.
Y lloró y lloró, mientras el mundo se ahogaba en sus lágrimas, pero a ella no le importaba.
Crisis, hambrunas, inundaciones, desbordamientos…
El cúmulo de los días ahora rebosante en uno solo, y en medio del gentío gritando para no morir con una supuesta razón de existencia, encontró la verdadera paz, ahí estaba, un ente blanco y purificante. Ella había nacido para esto, ella había nacido para morir.